El día que mi vida cambió

Cada vez que veo las fotos, videos y recuerdo el día que tomé en mis brazos a mi hijo por primera vez me inunda una sensación difícil de explicar, son tantas emociones, es algo tan pero tan grande que hoy recién luego de 3 semanas de ese maravilloso día me animo a intentar plasmarlo en este post.

Como todos saben mi embarazo no fue fácil, buscamos y buscamos un bebé durante mucho tiempo hasta que finalmente aparecieron dos lineas en el test, simplemente debía ser ese mes y no otro… nuestro hijo debía llegar en ese preciso momento a nuestras vidas. Luego de eso tuvimos que enfrentarnos a angustiantes síntomas de pérdida donde cada día se volvía una lucha por mantener calentito y cómodo en la pancita a nuestro pequeño bebé, sí bebé, porque a pesar de solo tener 8 semanas él ya era mi hijo y me negaba rotundamente a decirle embrión. Durante semanas hice lo imposible para convencerlo de aferrarse con todas sus fuerzas a la que era su casa y lo logramos! En cada ecografía su corazón se escuchaba más fuerte lo que me daba más energía para seguir adelante y cuando ya todo parecía estar bien, a las 28 semanas mi pequeño no quiso seguir esperando para conocer el mundo exterior, ahí comenzó una nueva lucha. Yo me moría de ganas de conocerlo y tenerlo por fin en mis brazos pero sabía que el mejor lugar para él en ese momento era en mi pancita, cada día, cada gramo era un mundo ganado… así fueron pasando las semanas hasta que sin darnos cuenta llegamos a la 39.

El 16 de febrero mi vida cambió, en ese pabellón rodeada de gente me sentí sola y desnuda absolutamente ajena al resto del mundo, confundida, asustada, ansiosa pero profundamente enamorada de ese primer grito de amor que lanzaste al mundo para avisar tu llegada. Aún no te había visto pero cuando te escuché supe que nada volvería a ser como antes. Cuando te abracé por primera vez me sentí como una niña, sucumbí frente a tu delicada piel y tu mirada me derrumbó por completo pero a la vez me volví la mujer más fuerte que pude imaginar porque desde ese instante no habría nada que no pudiera hacer con tal de verte feliz.

Hace tres semanas comenzó la más grande, desafiante y bella aventura… hace tres semanas me convertí en mamá.

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