¿A quién no le ha pasado? Claro, no es tan literal…no, tanto (porque algo de literal tiene). No se trata de querer masticar a nuestros hijos hasta sacarles un pedazo. Pero es que es tanta la ternura que nos provocan que, a veces, no nos basta con sus besos y abrazos.

No, queremos llegar más allá y morderlos. Pero no para hacerles daño, sino muy por el contrario, para demostrarles lo vueltos locos que estamos de amor por ellos. “Te voy a comer esas piernecitas”, ¿quién no se lo ha dicho a su bebé?, es una frase tan real, porque de verdad que le queremos comer esos “rollitos” que nos trastornan.

Y al parecer es algo normal, porque así se regularían nuestras emociones, según los expertos.  Es tanta la alegría, la emoción, el amor que experimentamos con nuestros hijos, es tan extrema la sensación, que al intentar o muchas veces definitivamente darles unas mordidas o pellizcones, es que estamos regulando esta sensación tan inmensamente difícil describir. Algo así como llegar a llorar de felicidad. En el fondo es una emoción tan desbordante que se manifiesta de forma opuesta para poder regularnos.

“Te voy a comer a besos”

Es una expresión típica, usada y requeteusada. No se lo decimos sólo a nuestros hijos, quizás a nosotros también nos han dedicado esta frase, siendo adultos. Y es que cuando amamos mucho a alguien, cuando en definitiva nos enamoramos, simplemente nos desbordamos. No es que seamos poco originales o cursis para manifestar el amor; así es la conducta del ser humano.

Entonces todo tiene sentido cuando sentimos esas ganas locas de comernos a nuestro bebé. No es tan complejo de entender: estamos inmensamente enamorados de este nuevo ser humano, tanto que nos lleva al extremo. Es como estar justo arriba de la montaña rusa, en su parte más alta esperando bajar velozmente. Mueres de adrenalina, es totalmente extremo. Con este amor ma/paternal pasa lo mismo.

Así que ya saben, a disfrutar a nuestros hijos. A morir de amor por ellos. Denles cuántos besos puedan, muchos abrazos y caricias. Y, por sobre todas las cosas, díganles a diario que los aman. A cada rato. Nunca es suficiente. Nunca dejen de desbordarse de amor por ellos, ni de sentir este loco canibalismo tierno…

Canibalismo tierno: Esas ganas locas de querer comerte a tu hijo
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