Llevaba un día de ser mamá y la matrona me dice: “te quedará una guatita de cinco meses”. Lo primero que hice fue mirar mi panza y dije “sí, justo cinco meses”.  En ese momento no me angustié en lo más mínimo porque además por fortuna o lo que sea, subí apenas 6 kilos durante el embarazo, por lo que el peso no fue tanto tema para mí. No obstante, al irme de la clínica me puse el mismo vestido que lucí tan perfectamente bien con mi barriga de 9 meses y claramente esa vez el espejo no reflejaba lo mismo. ¡Dios mío, era una masita!, por decirlo de forma cariñosa.  Y no sabía que la guerra con mi clóset estaba por comenzar.

La primera semana en casa, entre visitas, ajetreos y uno que otro dolor, siempre quise verme bien y no lo conseguí jamás. Tuve una retención de líquidos espantosa. Mis pantorrillas eran más gordas que las de un futbolista y mi panza se desparramaba para todos lados. Pero mamá estaba enamorada y ocupada, cada día más de su hija, por lo que quedarse pensando tanto en la vestimenta, lo sentía un poco absurdo ¿Salvación?, las túnicas. Las mismas que usé cuando estaba a punto de dar a luz, por comodidad y frescura (mi hija nació en verano). Y, luego de aceptar esas túnicas que al igual que aquel vestido de la clínica, ya no se veían tan bien en mi cuerpo, comencé a vivir el proceso de “vestirse con ropa de embarazada sin estar embarazada”.

El puerperio es complejo, tus emociones están trabajando a mil y las ilusiones a veces se van por tierra porque estás cansada, tienes sueño, dolores, inquietudes, miedos y, más encima, te sientes gorda y por qué no decirlo, te sientes fea. No digo que esto es algo que le pase a todas las mujeres que dan a luz, pero a muchas sí, como a mí, y es que el cuerpo se transforma y tu mente puede jugarte malas pasadas.

Al poco tiempo de haber nacido mi hija, volví al peso normal. Sin embargo, esas primeras semanas de verme hinchada y asustada fueron horribles. Salir de la ducha era un suplicio, “¿qué diablos me pongo ahora?”, porque quieres verte bien pero también necesitas sentirte bien. Y como después que las cosas han pasado, uno mira atrás y ve todo con más sensatez, mi consejo más sabio que puedo darte es que te tomes este proceso con mucha calma, respeto y amor hacia ti misma. Antes de ir a tener a tu bebé, te recomiendo dejar tu clóset listo. Así como ordenarás mil veces la ropita de tu hijo, te recomiendo también hacerlo con tu propia ropa.

Aquí te dejo algunos tips para que tu post parto te sea un poquito más generoso:

No deseches las prendas maternales, te serán de mucha ayuda para las primeras semanas o meses (todas somos distintas y recuperar tu peso dependerá de muchos factores).

Clasifica la ropa que te es más cómoda, no importa si es un buzo, una calza, una túnica o el pantalón maternal que has usado tanto. En esta etapa la autoestima es frágil, pues una mujer viviendo el puerperio se hace muy vulnerable y debes ayudarte un poco ¡Tienes que sentirte cómoda!

Colores que te levanten el ánimo. Deja a la mano prendas de lindos colores y no caigas en la fatalidad de colocarte sólo color negro para verte más flaca. Lo único que conseguirás es deprimirte.

Dile “no” por un tiempo a esos jeans pre embarazo que tanto te gustan. Escóndelos un par de meses, verás cómo te vas a sorprender cuando los vuelvas a encontrar y quieras lucirlos. Te quedarán perfectos. Tómalo con calma, con mucha calma. Todo a su tiempo. Ya podrás usar toda tu ropa nuevamente.

Guarda la ropa muy ajustada. Usar este tipo de ropa no te ayudará en lo más mínimo a sentirte bien. Respeta este proceso, recuerda que además tu útero demora en volver a su tamaño normal, ¿para qué incomodarse andando “apretada”? Además, no te olvides que post embarazo, muchas mujeres sufren retención de líquidos.

Zapatos cómodos. Intenta dejar por un tiempo los tacos muy altos. Si nunca has sido muy sport, es tu oportunidad de lucir lindas zapatillas, por ejemplo.

Ropa interior adecuada. Sostenes de lactancia cómodos y bonitos. Hoy, el mercado ofrece muchos tipos y formas. No compres los primeros, busca unos que realmente te gusten y te hagan sentir femenina. Ojo, con los cuadros, no abuses de las fajas, de hecho antes de dar a luz, es bueno que consultes con tu médico tratante si realmente es necesario su uso. Es posible que debas usar por unos días o semanas tus mismo calzones del embarazo, así que deja unos cuantos disponibles para esos días y de a poco anda haciendo la transición hasta llegar a esos que realmente te gustan y quieres llevar.

Y lo más importante no dejes de quererte. Quiérete y piensa que ésta es una de las miles etapas que te tocará vivir en esta maravillosa experiencia de ser madre. Y no cometas el error que yo cometí de usar la misa ropa siempre. Eso sólo terminará por deprimirte. Sé que a veces no tendrás ni tiempo ni ganas, pero te lo debes a ti misma. Verte linda te hará sentir mejor. Si quieres usa ese pantalón regalón a diario, pero cambia las blusas, los accesorios. Tienes todo el derecho de brillar, ¡has sido madre!, no te deprimas por los kilos de más o esa flacidez que ha quedado por ahí. Eres hermosa y más aún con tu bebé en los brazos. Pronto volverás a reconciliarte con tu cuerpo. ¡Tú puedes!

Cómo vestirse después del embarazo y no morir en el intento
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