De negarlo a aceptarlo. La maternidad puede ser tu primer duelo.

“La maternidad se vive como un duelo”. Una frase fuerte que me quedó dando vueltas en la cabeza. Se lo escuché a una psicóloga refiriéndose a cómo las mujeres enfrentan su nueva vida maternal. Y me sentí tan identificada. Y es que el cambio es profundo. Y si lo analizamos, al menos a mí, me hace bastante sentido. Las que hemos pasado por la pérdida de un ser querido, sabemos y tenemos claro lo que se enfrenta día a día para superar ese dolor profundo que te deja el vacío de la pérdida. Y, reconociendo que el el duelo tiene etapas que hay que definir, si lo ponemos en paralelo a la nueva vida de ser madre, calza a la perfección. Y no es que sea malo, es simplemente, la manera en que enfrentamos esta nueva, caótica y hermosa vida de madre.

La primera etapa es la negación. Nos negamos a aceptar nuestra nueva vida, no queremos dejar atrás la vida que teníamos antes ¿Es esto real?, ¿de verdad me está pasando? Al menos fueron preguntas que yo me hice.

Luego, viene la ira. Conversando con mamás, me he dado cuenta que más que ira, es ese cansancio extremo e incertidumbre de no saber si estás haciendo bien las cosas, lo que te hace pasar por momentos difíciles de frustración o rabia. Querer dormir y no poder. Querer salir un rato sola y no poder…dentro de muchas otras cosas, por ejemplo.

La tercera etapa es la negociación. Y claro, después de tantos sentimientos y hormonas revueltas, la mente debe darnos espacio para comenzar la tregua. Algo así como la conciliación con nosotras mismas.

Luego, la temible depresión. Es sabido que la depresión post parto es una amenaza para las mujeres, no obstante, el porcentaje no es tan alto como imaginamos. Lo que sí me atrevo a decir que nos pasa a todas, es la pena, angustia y días tristes y difíciles que pasamos con nuestros bebés, por todo lo anteriormente expuesto. Es complejo enfrentarse a un ser humano que sólo depende de uno y, uno a su vez, ir conociéndose y reconociéndose en este nuevo rol.

Y por último, la aceptación. Y como no hay mal que dure cien años… ¡llega ese anhelado momento!, no exento de temores y días duros, donde al fin logras aceptar que las cosas son distintas. Tu mundo ha cambiado y lo reconoces y lo aceptas. No quiere decir que perdiste la batalla, sino por el contrario, comienzas a crecer como ser humano, como mujer. Pues eres capaz de comprender que esta nueva vida no cesará jamás de tener millones de desafíos al día, pero que la naturaleza te ha dotado de herramientas necesarias para hacer bien tu labor. O al menos intentarlo.

Quién no ha dicho o ha pensado: “Es que ahora soy mamá”. Y es que es como excusarse de ante mano. Y pasa porque estamos acostumbrándonos a un nuevo estilo de vida. Ése donde tienes más sueño que nunca, pero donde experimentas el real amor, un amor que jamás pensaste sentir.

Siempre digo que pasar, al menos los primeros meses en compañía, será de mucha ayuda. Pero compañía buena, una que te atienda, te cuide, te abrace, te cocine y te de tiempo para una ducha reparadora. Porque hay que hacerle cariño y estar pendiente del bebé, pero también de la mamá. Es cosa de leer las etapas arribas mencionas para poder empatizar. Hoy, está tan de moda la palabra “tribu”, pues entonces rindámosle honor y volvamos a criar en tribu. Es tan válido necesitar ayuda y tan válido también pedirla cuando no llega por sí sola. Y si te gusta la soledad, como a mí, abre tu mente y corazón para que tus seres queridos más cercanos puedan atenderte. Te lo digo con conocimiento de causa; será un bálsamo para tu salud. No es que dejes en manos de terceros el cuidado tuyo y de tu hijo, pero te ayudará a construir este nuevo mundo de una forma un poquito más placentera.

Vamos a vivir este duelo sin tanta pena y con más compañía. Bajo mi óptica es una buena manera de no morir en el intento.

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