Al parecer no… o al menos yo todavía no la conozco. Y es que todas en algún minuto, desde que nos convertimos en madre, hemos sentido culpa por un motivo u otro que tenga directa relación con nuestros hijos.

Y es que ha decir verdad, cuando nace el bebé nace también la culpa. Algo pasa que comienzas a sentirte culpable por todo; porque sí y porque no. Porque decidiste dejar a tu hijo con el papá y saliste a dar una vuelta sola; porque alzaste la voz más de la cuenta; porque te tomaste una ducha más larga de lo habitual; o incluso porque el cansancio te supera.

Porque sí, te culpas hasta de aquello que no puedes manejar; si tu hijo se enfermó o sufrió una caída. Claro, seguramente fue tu culpa. Tú fallaste como madre, no estuviste o no lo cuidaste.

Todo, absolutamente todo, te causa culpa. Sientes culpa y además tristeza y te confundes. Te preguntas una y mil veces si eres una buena mamá o si lo estás haciendo bien. Te cansas, te fatigas y te acusas tú sola, te acusas a ti misma de “cada falta”. Y es que eres exigente contigo y tu nuevo rol.

Quieres hacer mucho y casi todo tratas de hacerlo bien. Pero no das abasto, ¡muchas veces no! y eso también te culpa. Y es que como bien dicen, “nadie nos enseña a ser mamás” y los errores vaya que culpan. Pero, me atrevería a decir, que es parte de la maternidad.

Es parte de estar viva y tener las hormonas revueltas al igual que los sentimientos. Es parte de esta nueva, hermosa y caótica etapa, donde estamos descubriendo y aprendiendo tantas cosas.

Yo, todos los días me culpo por algún motivo distinto. Lo hago menos que antes, porque en el camino se aprende (mi hija ya tiene un año y medio). Pero no es fácil, para nada. Y es que la culpa no se quita con tomarse una pastilla o con el sólo hecho de decidirlo.

Es una tarea más compleja aún. Y todo se hace más difícil porque tenemos una sociedad que no empatiza tanto con la mamá. Te juzga, opina y critica tu manera de criar, sin saber cuál ha sido tu experiencia de vida o si cuentad o no, con la importantísima, red de apoyo.

Así las cosas, pienso que, de a poco ese sentimiento de culpa debe transmutar en  compasión hacia nosotras mismas. Con el mismo amor que miramos y atendemos a nuestros hijos, deberíamos mirar nuestra labor de mamá.

Y si bien, no sentirnos culpables suena casi utópico, ¿no será hora de empezar a vivir una maternidad más libre, sin tanta culpa y excesivo juicio?

Yo creo que sí y podemos hacerlo. Y como madres tenemos el deber de apoyarnos. Habrá malos días, habrá tristeza, momentos de miedo y frustración. Existirán días en que no sabremos tomar buenas decisiones.

Días de rabia y enojo, días que después querremos olvidar. Pero cada día es un nuevo comienzo y una nueva oportunidad de vivir la maternidad sostenida en el más profundo y sincero amor hacia nuestros hijos.

Mirar alrededor y saber que hay millones de madres viviendo lo mismo que tú, es una oportunidad de ver la vida en perspectiva y no limitarnos al miedo y la culpa de ser mejor, de estar a la altura, de no fallar o intentar ser perfecta ¿Te animas siquiera a intentarlo? Creo que nos lo merecemos.

¿Existe una madre sin (tanta) culpa?
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