Mi hija llegó un domingo en la mañana y, aunque la mayoría de las personas están libres, no recibí tantas visitas. Ese mismo día fueron familiares y al siguiente, un par de amigos cercanos. Lo agradecí.

Pero, como esto se trata de ser honesta, hoy me miro y me recuerdo en aquellos instantes y pienso que me hubiese encantado que no fuese nadie a vernos, al menos no tan inmediatamente. Quizás sólo mi madre y los más cercanos. Y no se trata de ser egoísta, se trata de autocuidado…así lo entiendo ahora.

Una mujer recién parida está agotada y vulnerable en todo sentido, pues entonces necesita muchas atenciones en la complicidad de su círculo más cercano. Una mujer que ha dado a luz está reconociendo a nuevo ser humano y reconociéndose ella misma. Tiene dolores físicos y las hormonas revueltas; no podrá dormir de corrido en buen período de tiempo; tiene inquietudes y debe estar y permanecer bien física y emocionalmente para cuidar al recién nacido.

Una mujer que ha parido merece tiempo con su familia; ésa que ha crecido con la llegada al mundo del bebé. Y no importa si es el primer o segundo o tercer hijo. Las emociones y sensaciones son distintas en cada embarazo y parto, por lo que se debe respetar el momento de igual forma.

Una nueva madre necesita espacio para llorar de dolor y felicidad; necesita espacio para abrazar a su pareja, a su madre o, a su hermana; necesita espacio para integrar a su hijo a esta nueva vida extrauterina; y algo muy importante, ese bebé sólo necesita de su mamá, de su abrigo, alimento y amor.

No necesita fotografías cada 30 segundos, ni pasar de brazo en brazo, ni que la gente se turne para sacarle los “chanchitos”, ni que le metan un chupete a la fuerza porque se ve bonito. Ese bebé acaba de salir de un lugar tibio y abrigador, donde escuchaba el latir del corazón de su madre como una melodía sinfín.

Porqué no dejarles ese espacio para que sigan vinculándose ahora desde lo externo y sin estrés. Porqué interrumpir con ansiedades lo que es sólo de ellos. Tiempo hay de sobra.

Cuando miro el día en que nació mi hija Trinidad, veo simplemente la maravilla del Universo. No tengo reproches, sin embargo, me hubiese encantando que al menos las primeras 48 horas hubiesen sido sólo nuestras. Me da pena no haberlo exigido, no haberlo hablado antes con mi marido. Quizás fue el miedo a caer mal o ser incomprendida. Pero, de todo se aprende y si hoy tuviera otro hijo, lo haría de todas maneras y, es por eso que lo expreso abiertamente, para que a ti no te silencien los miedos.

A mi hija recién nacida la mandé a la sala cuna de noche que ofrece la clínica para que “la mamita descanse”. Y lo hice por escuchar el consejo de una buena amiga que nos fue a visitar. Un gran error que me pesa hasta hoy día. Interrumpí la lactancia y nuestro vínculo. No hubiese pasado si yo hubiese restringido las visitas. Nadie me habría dado tal consejo y aunque la enferma me hubiese ofrecido llevarse a mi niña, mi respuesta hubiese sido la que siempre tuve preparada en mi mente: “no, gracias.

Mi hijita se queda conmigo”. A eso me refiero cuando digo que una madre recién parida es vulnerable, por lo que hay que tener cuidado en quien acompaña. No cualquiera puede empezar a dar consejos, pues se pueden cometer errores y peor aún, la nueva mamá puede deprimirse.

Creo que cada madre tiene el derecho a decidir si quiere o no visitas. Y no hablo sólo de los primeros días en la clínica/hospital. También me refiero a los días posteriores en casa, donde muchas veces empieza el ir y venir de amigos, sin considerar o empatizar con la mujer que ha empezado su cuarentena.

Es probable que muchas mujeres encuentren mi postura exagerada, así como también habrá muchas que se sientan identificadas. No trato de imponer una regla, pero sí una sugerencia. Y lo hago desde el amor. Si cerca tuyo existe una embarazada, más allá del vínculo que tengan, habla con ella y plantea este tema.

Es muy probable que luego de nacido el bebé, te agradezca haber tenido esa conversación antes y haberla acompañado en su decisión sin juzgarla. Y, si eres tú la que dará a luz, no temas al qué dirán. Exprésate de forma amorosa y verás cómo te entienden. Y, recuerda que no es capricho ni egoísmo; es autocuidado, salud, amor y complicidad.

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